Texto
«Theraps» – No hay otra salida…
Ensayo de Aleksander Gabryś publicado en 1998 en Kontrabasista, revista de la Asociación Polaca de Contrabajistas, dedicado a Theraps de Iannis Xenakis como obra-límite para contrabajo solo: física, técnica y metafísica.
Edición española integral preparada directamente a partir del texto polaco impreso de 1998.
Kontrabasista, Wrocław 1998
«Theraps» – No hay otra salida…
Del carácter de una composición que nace consecuentemente de las convicciones ideológicas y teóricas del creador (Random Walk, Brownian Movement), referidas a los principios de la escolástica, dice ya mucho su título; y la imagen de la partitura confirma incluso a primera vista las palabras de Barry Guy, primer exegeta que dio a la obra una interpretación fascinante en una grabación fonográfica: que Iannis Xenakis conduce su música, en cierto modo, hasta cierto borde de las posibilidades técnico-interpretativas y quizá... más allá de él. El contrabajista debe desplegar aquí una escala sonorístico-dinámica excepcionalmente amplia, en la dimensión más plena de las dificultades virtuosísticas, aunque no se trata de ellas. Nota bene: ¡el destinatario de la dedicatoria no es, desde luego, por casualidad el célebre Fernando Grillo!
Aquí se integran y disputan dos estados de expresión: la música del movimiento violento y de los glissandi que alcanzan los registros extremos y los parciales armónicos, hasta más allá del diapasón, y la estática encarnada en los armónicos naturales. Esto tiene consecuencias dialécticas en el contraste de un tocar - si se permite formularlo así - catártico en la entonación e «impuro» («purgatorial»), y luego en las oposiciones entre una notación casi pedantesca y espacios subjetivos expresivo-expiatorios, en la colisión de sensaciones etéreas, matizadas, eufónicas con lo «salvaje» del ego, al asociar la elegancia del hacer música y un gusto todavía bello (¡al fin y al cabo, es arte francés!), es decir, de algún modo perfecto, con extremos que constituyen el exterior de esa perfección.
Como dice Guy - y esta valoración práctica, nacida de la experiencia de un intérprete eminente, sencillamente debo compartirla -, el compañero de Xenakis, el contrabajista, es aquí arrojado, sin saberlo y de inmediato, a las aguas profundas del texto de la partitura, de la técnica, del subconsciente, de aquellas intenciones creadoras: en efecto, en la literatura para nuestro instrumento no había existido hasta ahora una visión semejante, ni en sentido mental ni en sentido físico, pese a tantos intentos compositivos ambiciosos: es un abismo particular. Xenakis arrastra al ejecutante a un curso provocador de acontecimientos acústico-metafísicos perceptibles de inmediato en los músculos del instrumentista; por así decir, «crucifica» al contrabajista, pone a prueba la musculatura hasta sus límites, lo que seguramente explica que apenas hayamos oído hablar de interpretaciones de Theraps... La recompensa por las debilidades físicas y el esfuerzo debería provenir de la profundidad espiritual, tal como entiende ese término filosófico, algo olvidado, Roman Berger en un ensayo publicado recientemente, por fin también en Polonia. Hay que añadir que el opus de Xenakis, de doce minutos y fechado en 1976, exige también la técnica italiana de digitación, que hoy ya prácticamente no se utiliza. A grandes rasgos, consiste más en tirar de las cuerdas hacia un lado que en presionarlas de la manera clásica; pero también esta singularidad, como la mayoría de las cuestiones físicas y trascendentales codificadas en la precisa música xenakisiana, queda pese a todo confiada al arbitrio y a la voluntad del solista. Condición: debe convertirse y permanecer en un compañero modesto, en la sombra del genial compositor parisino: no hay otra salida.
Iannis Xenakis, nacido en 1922 en Brăila, Rumanía, hijo de padres griegos, emigró con ellos a Grecia a los diez años. Tras terminar la escuela secundaria, inició estudios en la Politécnica de Atenas con la intención de formarse como ingeniero. Pronto, sin embargo, el estallido de la guerra interrumpió sus estudios. Se implicó en la actividad del movimiento de resistencia y en 1945 fue gravemente herido. Por su actividad durante la guerra fue condenado a muerte, por lo que tuvo que emigrar. Se instaló en París. Actualmente es ciudadano francés. Su formación musical la obtuvo en la École Normale de Musique (composición con D. Milhaud y A. Honegger) y en el Conservatoire National Supérieur de Musique (composición con O. Messiaen). Más tarde completó sus estudios con H. Scherchen en Suiza. En París conoció a Le Corbusier y colaboró con él en la creación de célebres edificios y proyectos, realizando cálculos técnicos, etc. Le Corbusier y su revolución en la arquitectura influyeron en la revolución musical de la obra de Xenakis. Este ejerció una gran influencia en la vida musical de la posguerra. Oponiéndose a la estética y a la técnica del serialismo, comenzó ya a principios de los años cincuenta a trabajar en la construcción de nuevos modos de combinar sonidos, sonoridad y tiempo mediante un método probabilístico, llamado por él estocástico. Este método encontró aplicación en obras de Xenakis en las que la sucesión de sonidos fue programada por ordenador. Además de composiciones instrumentales que utilizan el principio de la lógica matemática, Xenakis creó espectáculos multimedia con uso de sonido y luz. Tenían lugar en el espacio arquitectónico o al aire libre. El artista manifestó también interés por el arte de la Grecia clásica: escribió música para varias tragedias antiguas. Dejó numerosos escritos teóricos, en los que explicaba su postura y formulaba opiniones sobre la música contemporánea.