Texto
¡No os dejéis comer!
Recuerdo personal de Witold Szalonek escrito en 2019, que vincula memoria familiar, práctica interpretativa, microtonalidad, forma y experiencias internacionales posteriores marcadas por su influencia.
Texto escrito en 2019 para el volumen colectivo “Witold Szalonek. Portret zwielokrotniony”.
Aleksander Gabryś escribe desde la perspectiva de sus encuentros personales con Witold Szalonek, de experiencias interpretativas con obras como “1+1+1+1” y “Musica concertante per violbasso e orchestra”, y de preguntas sobre imaginación musical, microtonalidad, forma y libertad artística.
El ensayo enlaza recuerdos familiares, práctica interpretativa y experiencias internacionales posteriores en las que la influencia de Szalonek siguió activa como modo de escuchar, arriesgar y pensar a través del sonido.
Edición española integral preparada directamente a partir del original polaco.
¡No os dejéis comer!
¡Baśka trabaja!
La forma de la obra era tan importante para el Profesor que constituía ya por sí misma expresión del rango y del valor de la obra en la que solo después se verterían los contenidos sonoros.
¡No os dejéis comer!
Este consejo del «tío Witold» lo entendía literalmente en los años setenta y ochenta, y lo oía en la escalera, después de las numerosas visitas del Profesor a mis padres, casi cada vez. Añadía, ya invisible tras el giro de la escalera: ¡¡¡Baśka trabaja!!! Lleno de energía y de nuevas comprensiones de la naturaleza de los sonidos que Lo rodeaban, se encaminaba hacia nuevas misiones internacionales de composición, sobredimensionadas para aquellos tiempos y para mi realidad de entonces. Hoy, la perspectiva de varios centenares de interpretaciones ya, en cinco continentes, de la obra de mi Padre Ryszard An die Freude, basada en un motivo hilado a partir de las letras sonoras del nombre y apellido de Witold Szalonek, junto a los motivos cantados en registro agudo hacia la Alegría de la IX Sinfonía de L. v. Beethoven, me coloca ante un Maestro maravillosamente abierto al contacto, pero también dotado de autoridad, a quien debo mi primer acceso a la descripción de los secretos de la microtonalidad natural. El carácter pionero de Szalonek lo sentí ya de niño durante nuestros numerosos encuentros en la casa familiar. Ya entonces intentaba imitar los símbolos utilizados por el Profesor en la notación; ya entonces, con agradable indignación, recibía las observaciones del Maestro de la pañoleta, que me dirigían hacia definiciones más sensatas y más verdaderas de los comportamientos musicales y de los acontecimientos sonoros. El despertar de miradas de nueva dimensión sobre las posibilidades de vivir la belleza más verdadera en los extremos brutales, acariciados con ternura, que un instrumento puede extraer de sí mismo, con aquella orden-información de una sola palabra, planteada al mismo tiempo: ¡Forma! Para el Profesor, la forma de la obra era tan importante que constituía ya en sí misma la expresión del rango y del valor de la obra, que solo después sería vertida en ella en forma de contenidos sonoros.
La primera obra del Maestro que interpreté con ocasión de Su 65 cumpleaños, en 1992, fue 1+1+1+1, que abre la mente y el alma del adepto del pensamiento musical más nuevo. En el concierto estaba presente también Henryk Mikołaj Górecki, quien visitó muchas veces las sucesivas apariciones de las visiones contrabajísticas de Szalonek, y que lanzó un grito fuerte en la sala de conciertos llena de público de la Academia de Música de Katowice, cuando yo ya había salido al escenario y preparaba el contrabajo, así como las grabaciones analógicas de las otras tres pistas de contrabajo - sincronizar las pistas era entonces un arte y un desafío nada pequeños -: «¿Qué has vuelto a tramar ahí, Gabryś?!», para después del concierto estrecharnos la mano a los dos. Szalonek reconoció la versión para cuatro contrabajos como un nuevo paso de realización en la poliversionalidad de su obra, y yo también extraje de la infinitud y multiplicidad de todos los desarrollos posibles de esta obra, en gran medida aleatoria, muchas enseñanzas que alcanzaban la naturaleza filosófica de la música.
Cuando en 1997 recibí una beca de composición en Schloss Wiepersdorf, a 80 km de Berlín, tuve la ocasión extraordinaria de vivir durante más de una semana a solas con el compositor en su villa de Berlín Oeste. Este periodo de contacto con el Profesor dio sin duda la mayor oportunidad de unificar nociones acerca de la dinámica y el sentido de la obra musical. Trabajaba entonces en la obra Actus contra Naturam, vinculada a Opus contra Naturam, noción creada por Carl Gustav Jung y referida al proceso de individuación. En el texto de mi autoría utilizado para esta obra electroacústica con bailarín aparece al final el concepto Ojo-Neutrino. Esta figuración estudiantil de un Pensamiento más rápido que la luz no agradó al Maestro, y buscamos durante mucho tiempo una solución mejor en el punto de contacto entre semántica y sonido. Cuando, durante esta conversación, empecé a cortar pan, Szalonek se levantó y me quitó de las manos el cuchillo y la hogaza, y puedo decir que fue de Él de quien aprendí a cortar el pan profesionalmente, desde un lado completamente distinto del que lo hacía antes.
La diferencia de experiencia y de edad dejó de constituir una barrera desde que, en el marco de la preparación de la Cadenza de Musica concertante per violbasso e orchestra, el Maestro me ordenaba improvisar y, hacia lo Desconocido, escuchaba mis asociaciones contrabajísticas, mis experimentos y mis dolorosas conmociones después de varias decenas de minutos de tocar sin parar. A los dos nos gustaban estos intercambios de posibilidades y de energía, y las discusiones de entonces me dieron con certeza una comprensión sorprendentemente fuerte de una belleza nueva para mí, como la que resulta de la división de la columna natural de aire en subpresión, creada por las disposiciones de llaves y digitaciones descritas por el Maestro; desde el lado compositivo sigo estándole tan sinceramente agradecido por ello como Él sinceramente dedicó, invirtió y entregó Su Tiempo para describir, en forma de multifónicos que funcionan de manera sensacional y fantástica, estos hitos básicos no mainstream y no académicos de la Música Más Nueva, que ya en el mundo se abría paso con fuerza en la conciencia de los públicos de concierto, mientras en Polonia era generalmente rechazada.
Naturalmente, desde entonces han aparecido muchísimas publicaciones que describen los fenómenos multifónicos de nuevas maneras, pero sabemos también que, en el caso de los instrumentos de viento, muchísimo depende realmente de las características del ejemplar concreto del instrumento; por tanto, el intérprete - dotado por Szalonek de una mente abierta - a menudo debe simplemente inventar sus propias digitaciones. Más de una vez fui testigo del entusiasmo extremo de las personas por sí mismas cuando habían tocado una obra del Maestro; la sorpresa de que así se puede y de que es magnífico, la disponibilidad para el experimento, aunque sea por un breve instante... esto es una fuerza extramusical, una especie de misión que Szalonek sentía con enorme intensidad. Años después, en 2011, tuve la inmensa fortuna de volver a interpretar 1+1, esta vez junto al célebre contrabajista de jazz Zbigniew Wegehaupt, en la gran sala de conciertos de la Academia de Música de Katowice. Wegehaupt, talento histórico e inaudito de la escena jazzística, tenía - aun con su gran fama - un gran respeto por la buena música contemporánea y, pese a sus 57 años, nunca hasta ese momento había interpretado música así; para él fue un fenómeno y una colisión musical de cosmos musicales. Tocamos en dúo ante una sala llena y recibimos ovaciones abundantes, porque la obra mentalmente abierta de Szalonek permite precisamente tales colisiones musicales creativas, y hasta las provoca, cuando uno se adentra en la infinita apertura sonora de muchos segmentos de la obra.
El punto culminante de mis experiencias contrabajísticas «szalonkianas» fue el concierto el día de mi 30 cumpleaños con la Orquesta Sinfónica Nacional de la Radio Polaca en Katowice. Esta obra excelente, mística - Musica concertante per violbasso e orchestra - la interpreté más tarde también con la Filarmónica de Silesia, y esa versión apareció en 2010 publicada por la editorial varsoviana DUX; aquel álbum de dos discos, titulado BASSOLO, presenta los descubrimientos musicales más importantes en mi camino que pueden tocarse en el contrabajo. La obra maestra de Szalonek había sido creada antes por el genio del contrabajo Bertram Turetzky en 1977, y después por el visionario, compositor e improvisador Fernando Grillo. Obra que introduce en la Profundidad, que pierde el tiempo real en los primeros suspiros solitarios de los pizzicati, a través de un macizo inimaginable de grandes armonías, en las que los gritos de los instrumentos de viento madera se escinden en tonos combinados, conduce hacia partes solistas del contrabajo cada vez más intensas, que pueden interpretarse tanto como signos de interrogación ontológicos, furia salvaje de la desesperación, diálogo con la orquesta, como tristeza de la libertad o de la soledad en la multitud que sigue el sendero del Numinosum... Así el sendero centellea con todos los colores del mundo e inspira al solista a abrir el alma y a tocar en nombre del mundo entero durante los instantes permitidos por la Forma. Llega un momento en que la orquesta calla y escucha la declaración musical del contrabajo; ¡es una culminación magistral por el Silencio! Los segundos entre el fortississimo de la orquesta y el primer suspiro - o signo de interrogación - del contrabajo producen en el solista el deseo de expresar su propia reacción ante la situación dramáticamente surgida; los registros de interpretaciones anteriores muestran que cada uno eligió para este momento un camino interpretativo distinto. Personalmente intenté atenerme con la mayor exactitud posible a la notación de Witold Szalonek y expresar las emociones fielmente con Sus símbolos y Sus notas. El tamaño y la densidad del manuscrito publicado en facsímil me llevaron a copiar algunos fragmentos de la partitura, lo que me hizo consciente de su riqueza y complejidad: resultó que había que tocar correlaciones idealmente pensadas entre el contrabajo y la percusión, las ondulaciones de los vientos, el mar dinámico de las cuerdas y, sobre todo, la escena final casi polimétrica, cuando el contrabajo solloza un arpeggio-pizzicato armónico en diálogo con el Arpa, mientras la orquesta avanza en acordes de largas fuerzas de la naturaleza multicolor, arcaicamente inviolables, nostálgicamente bellas e inmutables para el ser humano.
Cuando daba conciertos en quinteto con Gidon Kremer, tuve ocasión de transmitirle también a él las partituras de la «Chaconne - Fantasie» del Profesor, que el virtuoso estudió con interés y quizá tenía intención de interpretar en el futuro... Otros impulsos y senderos inspirados por Szalonek son el año 2020 y mi colaboración con Su antiguo estudiante Ulrich Krieger, cuyo CD de belleza estremecedora, Five Goulish Dreams, había sido para mí desde mucho antes un modelo musical y un compañero en el walkman desde los 14 años. Hoy nos encontramos después de años con ocasión de la invitación de Ulrich Krieger a Basilea por parte de Ensemble Phoenix Basel, con el que toco desde 2000. Cuando nos dimos cuenta de CUÁL y EN QUIÉN teníamos el denominador común, nuestra simpatía estalló con la fuerza de un volcán amistoso. Ya después de los primeros sonidos comunes sentimos ambos que de alguna manera incomprensible éramos de la misma familia, que buscábamos en y a través de la música profundidades semejantes de la Profundidad y la naturaleza de la Naturaleza. La comprensión molecular de las vibraciones, pero con el intento de controlar los movimientos y vibraciones de esas moléculas dentro de las posibilidades de un instrumento acústico analógico: esto es una especie musical de yoga, que relaja tanto como moviliza, enseña. Naturalmente, para relajarse quizá primero haya que tensarse, pero Szalonek, a través de sus desafíos y sus audaces visiones musicales, dice claramente que vale la pena, y el sendero recorrido con Él da recompensa y satisfacción incalculable.
En los últimos veinte años, viviendo en Suiza, que se ha convertido en mi base vital, pero también en un excelente punto de apoyo, con multitud de festivales internacionales y también con conjuntos de Viena, Fráncfort, Zürich o Salzburgo, tuve ocasión de conocer a las compositoras y compositores principales de nuestro tiempo e interpretar sus obras. Ya fuera el Konzerthaus de Viena con Klangforum Wien, la Biennale de Venecia con Ensemble Modern, el Festival de México o el Teatro Colón en Buenos Aires con mi Ensemble Phoenix Basel de referencia, la Filarmónica de Berlín con Collegium Novum Zürich, las academias de música de Ereván, Sarajevo o el Goethe-Institut en Montevideo, el Elektroteatr Stanislavski en Moscú o The Stone en Nueva York: en cada uno de estos escenarios, sin la experiencia previa de la música de Witold Szalonek, habría sido sin duda menos audaz en el riesgo de cruzar los extremos y las fronteras de sistemas impuestos por las limitaciones físicas del instrumento y, en los ambientes conservadores, por gustos sin curiosidad. Aquel pensamiento pionero, como lo fue en los tiempos en que Witold Szalonek - siendo al mismo tiempo Profesor en la Hochschule der Künste de Berlín y, en Polonia, un inventor disminuido y no querido - celebra hoy un triunfo inaudito: el público más amplio ya ha «madurado» para el regreso hacia las fuentes, hacia la naturaleza física del sonido, apartándose del sistema temperado igual que se nos impuso con poder absoluto; ¡qué interesante era, hermoso en su artificialidad, qué revelador en sus poros de vanguardia! Hoy, sin embargo, explotado durante siglos, deja campo para nuevas penetraciones, creando para nosotros opciones que existen en el proceso de c r e a c i ó n del sonido. ¡Incontables variantes de multicosmos esperan sus descubrimientos! Por esta oportunidad rindamos homenaje a Witold Szalonek. Su «Baśka» sigue trabajando: en cabezas nuevas, abiertas.