Obra
Katábasis
KATÁBASIS es un descenso bajo la superficie del sonido, del cuerpo y de los roles establecidos. Su primera presentación pública en Wrocław puso en marcha la posterior cristalización de la obra para Gods’ Games Garden Group.
Nota de programa
KATÁBASIS nace de la necesidad de mirar bajo la superficie del sonido y del cuerpo, y también bajo la imagen de uno mismo que ha quedado fijada. Es una travesía hacia la otra orilla: los intérpretes que llegan a ella ya no son los mismos que partieron. Descender por debajo del propio fondo —y del propio ADN— revela lo que aún vive bajo los hábitos, los roles y las formas aprendidas de actuar.
Una de las fuentes de la obra es el antiguo relato europeo de Juan de Hierro, recogido por los hermanos Grimm. En mi lectura, el encuentro del muchacho con el Hombre Salvaje inicia un camino de maduración que exige abandonar un lugar seguro, perder la posición que ocupaba hasta entonces y atravesar la «zona de las cenizas». Sin embargo, no ilustramos el cuento. Trasladamos sus fuerzas y símbolos al ámbito del sonido, del cuerpo, de la escucha y de las relaciones entre los intérpretes.
Al descenso le responde un emerger: un canto desde debajo del fondo, un corazón que late, golpes que llaman y un nacer de nuevo. Los une Ágape: ese volverse hacia los demás. KATÁBASIS es un encuentro basado en la atención, sin apropiación: lo salvaje, lo grotesco y la risa conviven con el recogimiento y la inquietud.
Paweł Romańczuk se revela aquí como Dioniso–San Pablo–Mercurio: impulsa la metamorfosis dionisíaca, es el patrono de los Instrumentos Locos y, como Mercurio-guía, nos conduce de un umbral a otro. Su colección —que reúne más de mil instrumentos y objetos sonoros— abre un mundo de sonoridades casi ilimitado, en el que puede cambiar sin cesar de rol y de identidad escénica.
Phoebe Bognár da forma a esta travesía junto a nosotros, con la fuerza magnética de su sonido y su viva imaginación — sus ideas abren nuevos caminos, mientras su apertura artística y su calidez humana nos dan el valor de recorrerlos juntos.
Kostas Georgakopulos —nuestro frontman katápunk— nos guía por la zona de las cenizas con su voz y con el gesto de «autocensura»: el facepalm.
La voz se transforma en instrumento, otra persona retoma un gesto y el sonido vuelve como memoria de transformaciones electrónicas. En el centro permanece el contrabajo: nos arrastra a través de las sucesivas capas del descenso, mientras esas mismas capas actúan sobre él. Los músicos cambian de lugar, de rol y de máscara; poco a poco resulta cada vez menos evidente a quién pertenece la voz, quién imita a quién y dónde pasa la frontera entre ser humano, instrumento y máquina.
KATÁBASIS pertenece al Jardín de los Juegos Divinos —Gods’ Games Garden—, un mundo abierto en el que desde siempre encuentro un lugar para cada nueva obra. El Jardín encarna SynARThesis: mi concepción de una síntesis de las artes, de las formas de sentir y de los campos de percepción. Se puede participar en su creación, o simplemente entrar, estar y escuchar.
La palabra polaca «igry» —«igier» en el nombre del Jardín— nos invita a descubrir jugando. Roger Caillois distinguía cuatro elementos del juego: la competición, el azar, la imitación y el vértigo —agon, alea, mimicry e ilinx. Ya había recurrido al último en mi obra ILINX, de 2017. En KATÁBASIS desciendo más hondo en este Pensamiento, incluso geo-lógicamente: vinculo la reflexión de Caillois sobre los juegos con su lectura de las piedras y los minerales.
En esta geo-lógica propia, los minerales revelan sus juegos: los Juegos de la Naturaleza. Agon se juega allí donde los cristales en crecimiento se encuentran, se limitan mutuamente y luchan por el espacio. Alea actúa en las mezclas fortuitas, las vetas, los colores y los recorridos de las fracturas. Mimicry hace que una piedra —sin intención y sin autor— adopte la apariencia de un paisaje, un mapa, una planta, un animal o un rostro. Ilinx se manifiesta en la presión, la erosión, la desintegración y la metamorfosis, que privan a la materia de su antiguo equilibrio y la llevan a un nuevo orden. Nuestros juegos humanos resultan ser una respuesta a juegos mucho más antiguos que nosotros, inscritos en la materia misma.
La primera presentación pública de KATÁBASIS tuvo lugar el 6 de septiembre de 2026 en la Galeria Toy Piano de Wrocław, en el marco del Avant Art Festival. Junto con Phoebe Bognár, Paweł Romańczuk y Kostas Georgakopulos, interpretamos KATÁBASIS en medio del extraordinario conjunto de instrumentos y objetos sonoros de Paweł.
Iba a ser, ante todo, un ensayo y un encuentro. De pronto se convirtió en un concierto con la sala llena. Wrocław me mostró que la idea misma puede atraer y transformar a las personas ya en su primera forma, abierta y espontánea. La idea de KATÁBASIS despertó en nosotros, como músicos, la necesidad de explorar lo «imposible», lo «prohibido» y lo inaccesible en otras situaciones de concierto.
La presentación de Wrocław no cerró la forma, sino que puso en marcha su posterior cristalización. De esa experiencia va emergiendo una de mis próximas obras: KATÁBASIS para GGGG —Gods’ Games Garden Group, la Orquesta de los Instrumentos Locos—, con una parte de flauta que estoy escribiendo para Phoebe Bognár y el contrabajo en el papel principal.
Ninguna actuación anterior me había acercado tanto a la sensación de que podemos tomar el control de la gravedad de nuestro planeta. Quizá la paradoja de KATÁBASIS resida precisamente en esto: al descender juntos cada vez más hondo, descubrimos la posibilidad de despegarnos de la tierra.